Singladura

  • “Yo Soy”
  • Por Roberto Cienfuegos J.

 

Clase Turista

¿Podrá? ¿Querrá? ¿Le interesa? Surgen estas preguntas que me parecen esenciales en momentos en que México sufre, retrocede y, peor aún, se asoma a un horizonte nada halagüeño. Hacia donde la vista apunte, se observan y registran escenarios preocupantes, cargados de nubarrones para el país, menos para el que es el único poder de la 4T.

Claro. No se trata de apostar al fracaso nacional, tampoco de hacer cálculos mezquinos y presuntamente gananciosos a costa de la derrota del jefe de la 4T. Ni siquiera y es mucho decir, se trata de tener razón en la crítica con argumentos y señalamientos al gobierno de turno, incluso si éstos están fundados y tienen el objetivo de alentar a una corrección del rumbo, de las políticas o de mejorar las cosas para México y su gente. A veces ni siquiera la razón es útil, y mucho menos si se enfrenta a la obcecación, la necedad, la soberbia y el poder, sobre todo cuando éste es implacable y casi total porque “yo soy”.

Por razones culturales e históricas México constituye muy desafortunadamente un ejemplo mundial donde el poder no admite o tolera argumentos y mucho menos discusiones. Menos ahora. El que opine lo contrario o siquiera disienta que busque otro destino. La historia está de nuestro lado “y yo soy el que al final decide”, confesó el presidente Andrés Manuel López Obrador sobre las opiniones de la víspera del titular de la Semarnat, Víctor Toledo. Es él y no López-Gatell, por ejemplo. No es Arturo Herrera. “Yo soy”. Tampoco es el secretario de la Defensa o el de Marina los que deciden. “Yo soy” el presidente. Punto.

Los teóricos argumentan que el poder se ejerce y punto. Otros aducen que siempre hay quien ocupa todo espacio vacío. Lo cierto es que hoy el presidente de México tiene copados prácticamente todos los espacios públicos del país, si bien hay algunos reductos que se resisten al avasallamiento total que emana de Palacio Nacional, se extiende al Congreso federal y mantiene en el puño presupuestal y aún judicial a gobernadores y munícipes. Nadie se mueva, parece la advertencia. Yo soy el que decide. Ustedes sólo pueden hablar. Son los loros. El amedrentamiento jurídico y fiscal a través de casos emblemáticos y sospechosos de corrupción constituyen una herramienta más del férreo control unipersonal que experimenta México, un país complejo de casi 130 millones de personas, enclavado a la vera nada menos de la nación que aún lidera un mundo altamente convulso y cada vez con menos referentes ancla.

Así entonces, digo, México se estremece en un oleaje crítico cada vez más intenso y peligroso, pero “yo soy”, argumenta el presidente. Los ejes del país parecen desarticulados sin que el gobierno unipersonal que tenemos proyecte señales claras y precisas de disponer de una hoja de ruta y mucho menos de un proyecto firme y suficientemente confiable para abrir camino al país en su conjunto y como un todo. La 4T está llena de contradicciones, acusó Toledo. El presidente adujo sin embargo que las declaraciones de su subalterno y colaborador reflejan libertad porque quien decide –faltaba más- es él “en función de lo que conviene más al pueblo”. Sólo él. Por eso otras veces ha dicho que quien no esté de acuerdo con la 4T, que es él, debe abandonar el barco e irse a otro sitio. También ha dicho que se está con la 4T –él, claro- o en contra y que no se admiten “medias tintas”. ¿Entonces? La razón asiste a Toledo: hay numerosas contradicciones. A veces se toleran, a veces no, pero el poder siempre tiene la razón y no hay más razón que valga. “No son los secretarios responsables de decisiones”. ¿Más claro? A confesión de partes relevo de pruebas, argumentan los abogados con frecuencia.

¿Y entonces? Si nos atenemos a las confesiones del presidente, los secretarios pueden opinar porque “hay libertad, hay discrepancias y no hay pensamiento único, se da la libertad para que todos opinen”, pero al final “yo soy” el que decide. El poder yo soy, confirma el presidente. Los demás pueden hablar, si acaso. ¿Podrá, querrá, le interesa cambiar, escuchar y sobre todo acatar otras voces, otros puntos, otros conocimientos y otras experiencias en momentos en que se avista una tormenta inusitada para el país? Seguramente no porque “yo soy” el presidente y con el poder no se discute. Es una orden. ¿Está claro?

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@RobertoCienfue1